La situación en el Perú se está calmando de a pocos. El gobierno ha empezado a ceder y ello ha llevado a que los nativos también empiecen a levantar las medidas de protesta que habían venido realizando. Ahora, el Presidente del Consejo de Ministros y nuestra Ministra del Interior tendrán que enfrentar al Congreso. El premier Simon ya ha manifestado abiertamente su renuncia. Es más que seguro que Cabanillas va a tener que volver a su curul en el congreso y abandonar su ministerio. Pronto habrá un nuevo gabinete y con ello la historia volverá a la normalidad. Pero, ¿realmente será todo eso una solución? ¿Por qué aún permanece el pueblo de Andahuaylas protestando y pidiendo la vacancia presidencial (hecho que es prácticamente más que imposible)? ¿El Perú realmente tendrá un periodo de paz duradera? ¿Por fin empezamos a entendernos entre peruanos?
Lamentablemente, las respuestas a las preguntas planteadas no son nada alentadoras. Los sucesos de Bagua (y tras ellos toda la serie de actos violentos manifestados a lo largo del país) son una muestra de que nuestro Perú aún no logra identificarse como una nación. La idea de un Perú, no necesariamente homogéneo, pero si representado e identificado bajo un mismo concepto, es prácticamente imposible. Esto no es tan malo. El diálogo y el entendimiento entre civilizaciones distintas es algo que nunca vamos a terminar de comprender, pero es algo de lo que siempre vamos a aprender. Es francamente imposible (desde mi parecer) lograr conciliar a una gran cantidad de comunidades bajo una solo idea, aún inconclusa, llamada Perú. Pero que la tarea sea prácticamente imposible no quiere decir que el Gobierno deba abandonarla por completo, como lo ha venido haciendo.
El problema con el Gobierno (no solamente el de García, me atrevería a decir que el de todos nuestros mandatarios de Andrés A. Cáceres) es que esto no es un tema principal dentro de su agenda política. El día de hoy solo se piensa en cómo hacer para que el Perú siga creciendo en cifras económicas cada año, dejando atrás crisis internacionales y problemas sociales. Esto no es malo. El día de hoy el dinero es lo que mueve al mundo y mal que bien las cifras poco a poco han empezado a abandonar los cuadros estadísticos para saltar a la realidad. Es así como el Perú crece, pero ¿cuál es el Perú que crece?
El Perú que crece es el de unos pocos. Y esos pocos creemos, al menos en teoría, en la hermandad entre peruanos. Pero esta hermandad se da por conveniencia. Cuando uno está en una ciudad como Nueva York, por ejemplo, y dice que es peruano, es más que frecuente escuchar como inocente respuesta: Machu Picchu. Ahí nos sentimos identificados con nuestros hermanos cusqueños. Cuando uno ve que las exportaciones del Perú crecen porque la selva está vendiendo más madera o que se ha descubierto algún nuevo pozo petrolífero, nos identificamos con nuestros hermanos de la selva. Cuando el precio de los minerales se dispara y por ende nuestras cifras se elevan, rápidamente hablamos de la riqueza de nuestra sierra. Esto no es hermandad, solidaridad, identidad; esto es pura conveniencia.
La idea de unir al país no pasa por educar a la sierra y a la selva bajo nuestros conceptos. Esa no es la solución. Se habla de la ignorancia, la desinformación, e inmediatamente se empieza a criticar a los maestros y a nuestro sistema educativo. Sin embargo, la gente que ha pasado por los mejores colegios y por las mejores universidades no se da cuenta del error de ver al Perú bajo una sola perspectiva. Donde unos ven solo árboles, otros ven mucho más. Ahí está la gran diferencia. Para empezar a comprendernos debemos respetar las creencias de los demás. Debemos entender que porque nosotros tengamos el poder no significa que seamos mejores. Si para nosotros un árbol es madera y por ende un objeto con valor en el mercado, para otro peruano este mismo objeto puede tener un significado mucho más profundo que tal vez nunca podamos comprender, pero al menos debemos hacer el esfuerzo. Así como nosotros creemos que poco a poco está llegando el “chorreo”, que el Perú es lo que dicen sus cifras económicas, que mientras más TLCs firmemos mejor va a ser; otros peruanos van a tener una ideología distinta. Así como nosotros no creemos en lo que ellos dicen (al menos esa fue la actitud del gobierno durante algún momento) ellos tampoco tienen porqué creer en lo que nosotros les decimos.
El panorama parece bastante complicado, pero hay una esperanza. Las maneras de ver el mundo son diferentes, pero no opuestas. Así como el APRA recorrió una larga trayectoria para situarse a la derecho de nuestro imaginario político, abandonando los postulados de Haya; de ese mismo modo podemos ver que puede existir la conciliación entre perspectivas aparentemente opuestas. En esto, han sido las mismas comunidades del interior del país las que han dado el primer paso, ¿por qué no aprendemos un poco de ellas?
Ernesto Laclau estuvo en Lima. Para todos los que no pudimos ir a escucharlo, en Videos PUCP han colgado el video de la primera conferencia (Contingencia, Hegemonía y Procesos Políticos).
Detengámonos a apreciar la fotografía de Sebastiao Salgado, destacado fotógrafo brasileño, comprometido con la realidad social de nuestro mundo. Alrededor de su obra se ha generado bastante controversia (hace ya algunos años la misma Susan Sontag criticó sus fotografías), pero también una gran cantidad de reconocimientos (ha recibido el Príncipe de Asturias y el premio de la fundación Hasselblad).
Como parece ser costumbre en él, el concierto que ofreció Jorge Drexler ayer en el Coliseo Polideportivo de la PUCP fue realmente sobresaliente. Fueron más de dos horas donde abundaron las letras profundas, los arpegios de guitarra, el carisma del cantautor uruguayo y además todo un soporte musical de gran innovación a cargo de Matias y Campi, los dos genios que van detrás suyo.
El público demostró que la puntualidad no es una de las virtudes limeñas, definitivamente. Aun peor fue cuando la gente empezó a tomar los asientos que los impuntuales dejaban vacíos. ¿Culpa de quién? De nosotros, el público, y también de la organización al no ejercer un mayor control sobre el asunto. Cuando la música empezó, todo eso fue a parar a un segundo plano.
William Luna abrió el concierto, generando la admiración entre el público. Luego apareció Jorge Drexler sobre el escenario. Terno negro y corbata del mismo color. Zapatillas negras. La sonrisa en los labios del genial músico uruguayo ante el reencuentro con Lima después de un año y medio.
Empezó la música. Un tema tras otro, todos muy buenos. La música de Drexler es así. Empezó con su guitarra acústica (y, claro, toda la parafernalia electrónica), luego pasó por la eléctrica y terminó una vez más en la acústica. El vínculo con el público fue muy estrecho. Diálogo constante. Tocaba las canciones que la gente pedía. Sorprendió tocando canciones de Leonard Cohen, Bob Marley y Chabuca Granda (en el caso de Chabuca, el tema “La Comeña” no es suyo, pero Drexler afirmó haber escuchado su versión); y también “Ojos azules” junto a Magaly Solier.
Algo para recordar. Antes de tocar “Antes” le dedicó la canción a una afortunada “Jimena”. Luego habló de un tal “Jose”, alabando su persistencia. Gracias Jorge Drexler. Eres una gran persona y un gran músico. Gracias, no te puedo decir más. Simplemente gracias.
Los temas: Milonga del moro judío, Disneylandia, Mi guitarra y Vos, Todo se transforma, Raquel, Deseo, etc. Todos muy buenos. Como era obvio, faltaron varios. Personalmente puedo decir que faltó “Me haces bien”. La verdad, no importa. Después del concierto de ayer, al buen Jorge no se le puede pedir más.
Judith Butler para principiantes Judith Butler es la autora de uno de los libros más influyentes del pensamiento contemporáneo, El género en disputa. Feminismo y la subversión de la identidad, donde ya en los años noventa ponía en jaque la idea de que el sexo es algo natural mientras el género se construye socialmente. Sus trabajos filosóficos, complejos y muy difíciles de divulgar sin desvirtuar, han contribuido a construir lo que hoy se conoce como Teoría Queer y tuvieron un papel fundacional en el desarrollo del movimiento queer. Esta breve guía se detiene en puntos clave de su pensamiento.
Por Sebastián Freire
1 Butler y su giro copernicano Ese giro se produce en torno del género y marcó la evolución de las concepciones que se venían teniendo al respecto dentro del feminismo. Cuando en 1990 publica El género en disputa, las ideas se dividían a grandes rasgos entre las que entendían al género como la interpretación cultural del sexo y aquellas que insistían en la inevitabilidad de la diferencia sexual. Ambas presuponían que el “sexo”, entendido como un elemento tributario de una anatomía que no era cuestionada, era algo “natural”, que no dependía de las configuraciones sociohistóricas.
Butler plantea que el “sexo” entendido como la base material o natural del género, como un concepto sociológico o cultural, es el efecto de una concepción que se da dentro de un sistema social ya marcado por la normativa del género. En otras palabras, que la idea del “sexo” como algo natural se ha configurado dentro de la lógica del binarismo del género.
2 Judith en el principio de los movimientos queer Este planteamiento, a partir del cual el sexo y el género son radicalmente desencializados, desestabilizó la categoría de “mujer” o “mujeres”, y obligó a la perspectiva feminista a reconcebir sus supuestos, y entender que “las mujeres”, más que un sujeto colectivo dado por hecho, era un significante político. Al mismo tiempo, esta aguda desencialización del género, la idea de que las normas de género funcionan como un dispositivo productor de subjetividad, sirvió de fundamento teórico y dio argumentos y herramientas a una serie de colectivos, catalogados como minorías sexuales, que también, junto a las mujeres, eran (y continúan siendo) excluidos, segregados, discriminados por esta normativa binaria del género. En este sentido, el giro copernicano de Butler ayudó mucho al impulso y la expansión de los movimientos queer, y también trans e intersex.
3 Y el sexo..., ¿dónde está? La impronta de Michel Foucault, y en particular su trabajo en la Historia de la sexualidad, es evidente. Ahora bien, si en el caso de Foucault el dispositivo de la sexualidad no tiene en cuenta el género, para Butler es esencial. A partir de Butler el género ya no va a ser la expresión de un ser interior o la interpretación de un sexo que estaba ahí, antes del género. Como dice la autora, la estabilidad del género, que es la que vuelve inteligibles a los sujetos en el marco de la heteronormatividad, depende de una alineación entre sexo, género y sexualidad, una alineación ideal que en realidad es cuestionada de forma constante y falla permanentemente.
Es importante insistir en que Butler no quiere decir que el sexo no exista, sino que la idea de un “sexo natural” organizado en base a dos posiciones opuestas y complementarias es un dispositivo mediante el cual el género se ha estabilizado dentro de la matriz heterosexual que caracteriza a nuestras sociedades. Puesto en otros términos, no se trata de que el cuerpo no sea material, no se trata de negar la materia del cuerpo en pos de un constructivismo radical, simplemente se trata de insistir en que no hay acceso directo a esta materialidad del cuerpo si no es a través de un imaginario social: no se puede acceder a la “verdad” o a la “materia” del cuerpo sino a través de los discursos, las prácticas y normas.
4 El género como performance Antes que una performance, el género sería performativo. Esta diferencia entre pensar al género como una performance y pensar en la dimensión preformativa del género no es trivial. Decir que el género es una performance no es del todo incorrecto, si por ello entendemos que el género es, en efecto, una actuación, un hacer, y no un atributo con el que contarían los sujetos aun antes de su “estar actuando”. Sin embargo, en la medida en que este performar o actuar el género no consiste en una actuación aislada, “un acto” que podamos separar y distinguir en su singular ocurrencia, la idea de performance puede resultar equívoca. Hablar de performatividad del género implica que el género es una actuación reiterada y obligatoria en función de unas normas sociales que nos exceden. La actuación que podamos encarnar con respecto al género estará signada siempre por un sistema de recompensas y castigos. La performatividad del género no es un hecho aislado de su contexto social, es una práctica social, una reiteración continuada y constante en la que la normativa de género se negocia. En la performatividad del género, el sujeto no es el dueño de su género, y no realiza simplemente la “performance” que más le satisface, sino que se ve obligado a “actuar” el género en función de una normativa genérica que promueve y legitima o sanciona y excluye. En esta tensión, la actuación del género que una deviene es el efecto de una negociación con esta normativa.
5 Poderes y políticas Hablar de género es hablar de relaciones de poder. Hay que tener muy en cuenta que en esta negociación, el no encarnar el género de forma normativa o ideal supone arriesgar la propia posibilidad de ser aceptable para el otro, y no sólo esto, sino también, incluso, supone arriesgar la posibilidad de ser legible como sujeto pleno, o la posibilidad de ser real a los ojos de los otros, y aun más, supone en muchos casos arriesgar la propia vida. En este sentido, la oportunidad política a la que abren los señalamientos de Butler se debe a que si el género no existe por fuera de esta actuación, y las normas del género tampoco son algo distinto que la propia reiteración y actuación de esas mismas normas, esto quiere decir que ellas están siempre sujetas a la resignificación y a la renegociación, abiertas a la transformación social. Estas normas que son encarnadas por los sujetos pueden reproducirse de tal modo que la normas hegemónicas del género queden intactas. Pero también estas normas viven amenazadas por el hecho de que su repetición implique un tipo de actuación que pervierta, debilite o ponga en cuestión esas mismas normas, subvirtiéndolas y transformándolas. Esta inestabilidad constitutiva de las normas es una oportunidad política.
6 La aparición de la homosexualidad En paralelo con otras autoras que también han revisado el hecho de que las ideas que conlleva el género han sido tributarias de la matriz heterosexual –como por ejemplo Monique Wittig, Adrienne Rich o Gayle Rubin– los planteamientos de Butler apuntan a señalar que los ideales de masculinidad y feminidad han sido configurados como presuntamente heterosexuales. Si desde el esquema freudiano, por ejemplo, se parte de la idea normativa de que la identificación (con un género) se opone y excluye la orientación del deseo (se deseará el género con el cual no nos identificamos) –identificarse como mujer implicaría que el deseo debería orientarse hacia la posición masculina, y viceversa–, Butler planteará que esto no es necesariamente así. (Este es el prejuicio que permite entender el hecho de que históricamente se haya pensado en la idea de que un hombre que desea a otros hombres tenderá a ser necesariamente afeminado, y lo mismo en el caso de las mujeres, que si desean lo femenino, esto deberá asociarse con la identificación con lo masculino)
7 La ley del deseo Desde el punto de vista de Butler, deseo e identificación no tienen por qué ser mutuamente excluyentes. Y aún más, ni siquiera, ni tampoco, éstos tendrían por qué ser necesariamente unívocos. No hay ninguna razón esencial que justifique que una debe identificarse unívoca e inequívocamente con un género completa y totalmente. Asimismo, tampoco habría ninguna necesidad en que una deba orientar su deseo hacia un género u otro. Tal es el caso por ejemplo de la bisexualidad.
En tanto ideales a los que ningún sujeto puede acceder de forma absoluta, masculinidad y feminidad pueden ser –y de hecho son– distribuidos, encarnados, combinados y resignificados de formas contradictorias y complejas en cada sujeto. Y no hay encarnaciones o actuaciones de la feminidad o de la masculinidad que sean más auténticas que otras, ni más “verdaderas” que otras. Lo que habría, en todo caso, son formas de negociación de estos ideales más sedimentados, y por ende naturalizados o legitimados que otros, lo que consecuentemente los vuelve “más respetables” de acuerdo con un imaginario social que continúa siendo primordialmente heterocéntrico.
Leticia Sabsay Socióloga (UBA) Doctora por la Universidad de Valencia. Sus temas de investigación abordan la articulación de los conceptos de género, subjetividad y ciudadanía en la teoría feminista contemporánea. Participò con Judith Butler en el dictado del Seminario de doctorado “Performatividad, género y teoría social: la revisión de la categoría de sujeto”, que tuvo lugar en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA.
ENTREVISTA La invención de la palabra ¿Cómo ve el devenir de la potencia de lo que usted llamó la “matriz heterosexual” en las últimas cinco décadas? ¿Qué cambios han ocurrido y a qué cree que se deben? –Pienso que tenemos que asumir que “la matriz heterosexual” es una manera de intentar describir las cambiantes operaciones de la heterosexualidad hegemónica y obligatoria, y que esta “matriz” no tiene una única formulación. A veces, una construcción teórica como “matriz heterosexual” actúa como punto de partida para un análisis pero no es en sí misma descriptiva. Podríamos hablar sobre cambios producidos en las últimas cinco décadas dentro de ciertos contextos geopolíticos y seguramente notaremos que hay más espacio para otros modos de la sexualidad –gay, lesbiana, bisexual–, pero también tendríamos que advertir los nuevos métodos de normalización que emergieron en las mismas décadas. Lo que podría ser importante de considerar es la manera en que la separación entre reproducción y sexualidad es evidente para gente de cualquier orientación sexual. Aunque también habría que recordar que el funcionamiento de la matriz heterosexual no sólo impone heterosexualidad sino que también controla los términos del género. Por lo tanto, es importante también hacer un seguimiento de cómo los modos de presentación de las cuestiones de género ya no están vinculadas con la orientación sexual de manera clara o previsible. Hay, por supuesto, lugares en el globo donde es más difícil seguir el “progreso”, así que probablemente necesitemos desarrollar un mapa dinámico y complejo para ensayar y pensar más cuidadosamente cuándo y dónde opera la matriz heterosexual.
¿Cómo imagina un futuro donde la norma binaria se haya diluido? –No es necesario imaginarse un futuro en este sentido porque la impugnación del sistema binario de géneros ya ha sucedido. De alguna manera, ha sucedido. El desafío es encontrar un mejor vocabulario para las maneras de vivir el género y la sexualidad que no encaje tan fácilmente en la norma binaria. De esta manera, el futuro está en el pasado y en el presente, pero necesitamos producir la palabra en la que la complejidad existente pueda ser reconocida y en donde el miedo a la marginación, patologización y la violencia sea radicalmente eliminado. Tal vez nuestra lucha sea menos para producir nuevas formulaciones del género que para construir un mundo en el que la gente pueda vivir y respirar dentro de la sexualidad y el género que ya viven.
¿Qué consecuencias políticas traen aparejadas estas nuevas perspectivas? –Algunas son claras: la oposición en la calle a la violencia médica y policial contra la gente transgénero, la conformación de nuevas alianzas entre feministas, lesbianas, gays y bisexuales, queer, genderqueer, transgéneros, intersex; la despatoligización de la homosexualidad y la transexualidad dentro de los manuales y prácticas médicas, la producción de espacios culturales donde a través del arte es posible explorar las luchas y los placeres de estas vidas particulares, el desarrollo de formas de activismo basadas menos en una identidad estricta que en una forma de afiliación donde la diferencia tenga más valor que la superación de ésta.
¿Es posible adaptar su trabajo teórico, sobre todo el vinculado con los temas de género, a la vida cotidiana? –Hay varias formas de responder esa pregunta. Mi primera respuesta es decir que el trabajo y el amor están relacionados, y con eso quiero decir que amo mi trabajo y que mi trabajo proviene en parte de reflexiones sobre las condiciones del amor. Pero más que eso, creo que el género tiene mucho que ver con las relaciones que mantenemos en la vida. No siempre es el aspecto más importante de toda relación, pero el género es una forma de relacionarse. Pienso que la gente, en todo el mundo, está confundida con el género, incluso cuando lo están disfrutando, así que miran los recursos culturales que tienen a su disposición para que estas cuestiones tengan sentido. La teoría académica es sólo un recurso entre otros.
Pero dado que usted teoriza sobre el amor, la sexualidad, el deseo y el género, ¿hay alguna forma de aplicar algunos de sus postulados? –No pienso que la teoría deba ser aplicada. No se trata de un conjunto de prescripciones abstractas aplicables a la vida práctica. La teoría no te dice cómo hacer las cosas, pero abre posibilidades. En un mundo que constantemente cierra posibilidades, es importante abrirlas. Una vez, Nancy Fraser (filósofa feminista norteamericana) me preguntó cómo se podía distinguir entre las posibilidades que había que valorar y las que no. Ella quería una forma de medir normas. Pero yo creo que se trata de maximizar las posibilidades de vivir la vida, aunque ésta sea precaria. De todos modos, cuando la gente toma una teoría y luego hace su propio análisis sobre una práctica social determinada –algo que yo no podría hacer– es algo maravilloso. Porque esa teoría sale del contexto en el que fue creada y entra en otro y se convierte en algo diferente. Para mí, la teoría es un gesto insuficiente. Hay que retomarla en distintos contextos para que se convierta en algo diferente. Y recién cuando esto ocurre la teoría es exitosa.
¿Y entonces es posible dejar una marca en el mundo? –Cuando estaba en la facultad, yo formaba parte de un emergente movimiento gay y lésbico (por entonces no existía lo “queer”) y era una feminista comprometida. Lo que no entendía era cómo iba a poder juntar todos estos mundos diferentes. Parecían separados y que habría riesgos si intentaba unirlos. Pero, de a poco, de alguna forma se unieron, y yo me encontré en una posición afortunada. No estoy segura de que, como persona, yo pueda hacer una diferencia. Pero formo parte de un movimiento de pensamiento más grande que ha hecho y hace una diferencia.
Usted apoyó a Obama antes de su elección. Hasta ahora, ¿está satisfecha con sus primeros meses en el gobierno? –Es verdad que voté a Obama en las primarias demócratas y en la elección final, pero tenía algunas dudas sobre sus posiciones. Es un demócrata centrista y es importante saber que la “izquierda” consiste en movimientos sociales radicales que no siempre están bien representados por Obama o sus funcionarios. Mi esperanza es que surja una práctica de la crítica en la izquierda. Por supuesto que estamos aliviados ahora que Bush se fue y que Obama está en el poder. Pero hay que recordar que Obama nunca apoyó el derecho al matrimonio entre personas del mismo sexo y que tenía el poder para influenciar en la votación de California que anuló el matrimonio gay. Pero, por razones tácticas, eligió no hacer nada. Y estuvo dolorosamente callado durante el ataque a Gaza, incluso cuando debería ser claro para él que los judíos progresistas ahora están preparados para criticar la violencia del Estado israelí. También eligió en su gabinete a gente que es muy conocida por su misoginia y racismo, como Lawrence Summers (N. de la R: profesor en Harvard y director del Consejo Nacional Económico). Así que veamos cuán lejos está dispuesto a ir con respecto a las decisiones más difíciles. Debo decir que luego de sus primeros tres meses en el gobierno estoy más contenta de lo que había pensado. Cuando fue electo, me preocupaba que tanta gente estuviera enamorada de él y lo idealizara y que luego se decepcionara por completo o que “disculpara” sus numerosos compromisos con fuerzas más conservadoras. Pero creo que Obama hizo un buen trabajo al asegurarse de que la gente no lo viera como un Mesías. Ofrece esperanza, pero no redención, lo que para mí es un alivio. Ya veremos qué posición tomará su gobierno en cuanto al aborto. En mi opinión, ésta es una pregunta abierta.
¿Le resulta llamativo que en este momento se discuta en distintos lugares del mundo –con el apoyo de múltiples personalidades públicas– la legalización del matrimonio gay y que el aborto, a su vez, siga siendo un tema tabú o defendido sólo por grupos de mujeres militantes? –Es importante considerar cómo el movimiento “pro-matrimonio” ha limpiado las relaciones homosexuales y neutralizado el radicalismo sexual. Ahora gira alrededor de imágenes de monogamia y propiedad. Y, sin embargo, la práctica del aborto es muchas veces presentada como una opción socialmente condenable o estigmatizada por la pérdida de status de clase. Así que me parece que necesitamos repensar el feminismo y los movimientos sexuales radicales para tomar en cuenta formas de filiación que no son conyugales y que no siempre se basan en derechos de propiedad. Y también habría que volver a aliar al movimiento gay y lésbico (y a los bisexuales) con el feminismo y la crítica de la opresión de clase. Mi temor es que en los Estados Unidos estemos aceptando los términos de la democracia liberal participativa en el sentido amplio del compromiso político. Por supuesto, quiero esa democracia, pero quiero que sigamos preguntándonos qué es lo que la democracia radical nos pide ahora.
¿Cómo ingresa el concepto de familia en esta historia? ¿Cree que se ha modificado? –Creo que tenemos que distinguir “familia” de “parentesco”, pensando parentesco como ese grupo de personas de las que dependemos y que dependen de nosotros, una comunidad que participa de las mayores celebraciones y pérdidas de nuestras vidas. Creo que es un error restringir la idea de parentesco a la familia nuclear. Creo que todos necesitamos producir y sostener este tipo de comunidades. Demasiado peso emocional se deposita sobre la familia y la pareja, y encima estas instituciones deben abrirse a mundos más amplios. No es necesario estar unidos por la sangre o por el matrimonio para convertirse en esenciales unos para los otros. No solamente tenemos que imaginarnos más allá de estas maneras de relacionarnos sino también cómo podríamos vivir en ellas.
Risas y lágrimas. Pasión y reflexión. Pena e incertidumbre. Muchas carcajadas, angustia y temor. Cine. La madurez de un director ya maduro. La consagración... La confirmación de su talento. Actor, director... multifacético personaje. Admirable. Clint Eastwood. Gran Torino, una obra maestra de nuestros tiempos...
“Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen.” Jesús
A veces pienso que ninguna persona de este lado del mundo tiene la autoridad de hablar sobre “los otros”. Luego reflexiono un poco y me doy cuenta que cualquier persona tienen el derecho (aunque no necesariamente la autoridad) de hablar de lo que se le venga en gana.
Cuando veo películas como BrickLane me doy cuenta que a veces algunos méritos conseguidos en cuestiones de forma, se opacan casi en su totalidad por cuestiones de fondo. Un filme bien llevado se pierde debido a una débil y floja postura sobre el tema a tratar.
I.
BrickLane es una calle de Londres donde se concentra la mayoría de inmigrantes bengalíes. El nombre de este lugar le dio título a la primera novela de MonicaAli, que unos años más tarde tuvo una adaptación cinematográfica bajo el mismo nombre y dirigida por SarahGavron.
El filme cuenta la historia de Nazneen, una chica de 17 años que debe abandonar su hogar en Bangladesh por un conjunto habitacional en la calle BrickLane, en Londres. Su matrimonio (la razón por la cual va a Londres), como es de suponer fue algo forzado. Ahora ella debe adaptarse a esa nueva vida en un lugar ajeno, soportando a su “poco atractivo” marido y cuidando a sus dos hijas. Dentro de todo, ella empieza a darse un espacio para sí misma gracias a que empieza a descubrir el amor.
En las primeras escenas del filme, se establecen las reglas de juego. Reglas que luego ella debe aprender a romper para que avance la historia. Nos damos cuenta que no va a poder seguir su voluntad, no va a poder tomar decisiones libremente, porque la vida es presentada como algo a lo que una mujer no se puede enfrentar. Pero es significativo que quien le enseña todo esto, la madre, apueste por el suicidio.
Del mismo modo como se fue la madre, sin una emotiva despedida, Nazneen también parte hacia Inglaterra. Su hermana es la única quien sufre esta separación, y también es la única a quien Nazneen extraña.
Su recibimiento en occidente es muy típico. Su nuevo entorno es frío e indiferente. Ella nunca llega a acomodarse, pese a estar en un vecindario de inmigrantes. Constantemente recuerda a su hermana y a su hogar. No disfruta mientras su marido le hace el amor. Ella parece ser el punto medio entre sus dos hijas. La menor es quien sigue su religión y su cultura, la mayor es la que usa faldas cortas y parece darle la espalda a su cultura a favor del mundo moderno occidental.
Hasta este momento, el filme parece estar guiado bajo las siguientes palabras de Nazneen: “Wemustnotrunfromourfate. Whatcannot be changedmust be borne. Thetestoflifeisto endure” (“No debemos corrernos de nuestro destino. Lo que no podemos cambiar debemos soportarlo. La prueba de la vida es soportar.” –la traducción es mía–). La vida de Nazneer es solo padecimiento y su tradición es la que la obliga a soportar.
Es a raíz del encuentro con una vecina donde se inicia el segundo momento del filme. Ella, gracias a su nueva maquina de coser, empieza a generar algunos ingresos para el hogar (justo en el momento en que el esposo pierde su empleo) y también empieza a destruir ese orgullo del esposo, por el cual las mujeres no deben trabajar. Este nuevo trabajo que ella realiza también podemos decir que la “abre” hacia occidente (gracias a la relación que va a iniciar con Karim).
Este chico Karim simboliza la liberación ofrecido por occidente hacia los orientales. Es a raíz de los encuentros con él que el filme va a perder ese toque frío e indiferente y va a sumergirse en sus mejores momentos. Poco a poco vamos a ver como Nazneen empieza a remplazar sus tradiciones (y a su marido) por este nuevo joven que le va a dar un sentido a su vida.
II.
En base a todo lo narrado, vamos a empezar a tratar algunos problemas que aborda el filme (no problemas formales, sino problemas de fondo, de contenido).
La escena en la que se resume todo el filme es cuando Nazneen se acerca al vidrio de la puerta, después de despedirse de Karim, y ve la sombra de Karim ahí (el muchacho todavía no se había ido). Ambos se toman de la mano, pero el vidrio los separa. Ella coloca su mano donde ve la sombra de la mano de él.
En esta escena vemos a los dos mundos, occidente y oriente, completamente separados. Pero eso no es lo más importante. La cámara se coloca del lado de Nazneen, detrás de ella. En cambio, de Karim solo podemos ver su sombra (él está detrás de la puerta). ¿Qué es lo que ocurre acá? No es que el filme solo emplee la perspectiva de Naznen para narrar la historia. Es al revés. Se narra desde los ojos de Nazneen, pero desde una Nazneen creada como contraposición a Karim. Y Karim, desde un lugar en el que no podemos verlo, es quien realmente construye la narración. En otras palabras, Karim (occidente) construye al personaje de Nazneen (oriente) como opuesto al suyo, en contraposición al suyo, y nos hace creer que es Nazneen quien nos narra la historia, cuando realmente es él, desde su punto de vista y con sus intereses subyacentes, el que lo hace.
Así se explica la visión negativa de los bengalíes en este filme. Esta controversia ya la había causado la novela cuando apareció allá por el 2003. Los bengalíes son retratados como bárbaros, en contraposición a la ciudad civilizada.
Nazneen es un personaje subalterno y como tal una construcción de Karim. Karim representa para ella valores como la libertad, modernidad y progreso. Por eso ella es feliz solo a partir del momento en que lo conoce. Recordemos que ella siempre vive contra su destino. Desde que nació, su destino era la muerte, y así tuvo que aprender a vivir. El destino también le juega una mala pasada cuando encuentra el amor, ya que es justo en ese momento cuando el marido decide el viaje de regreso a Bangladesh. Sin embargo, el filme nos muestra que su destino termina bien, y esto solo podía ser quedándose en ese lugar “tan maravilloso” como es Inglaterra (Recordemos la burla de su hija mayor porque en Bangladesh no va a poder cepillarse los dientes). Además su esposo se marcha y la deja al mando de la familia, rompiendo con ese orgullo que proclamaba al principio. No solo va a vivir en Inglaterra, sino que va a asumir el reto de ser una madre independiente y moderna.
Esta liberación que representa Inglaterra era algo que Nazneen ocultaba. Recordemos que ella empieza a probarse, a escondidas, los vestidos que hacía. Así, la modernidad es vista como una tentación tan grande ante la cual nadie puede aguantarse. Occidente, con sus valores modernos y “superiores” se presente como el lugar ideal para vivir.
La imagen de los “otros”, de los bengalíes como bárbaros, se resalta cuando, tras los atentados del 11 de setiembre, los bengalíes quieren contestar a los ataques racistas del pueblo inglés mediante la fuerza (el terrorismo). También debemos recordar que ellos se engañan entre ellos mismos. Cuando el esposo de Nazneen le compra una computadora (para poder acceder al mundo) a una de sus vecinas, queda como un tonto ya que ella le va a cobrar intereses durante toda su vida. Aquí incluso hay una corrupción de las tradiciones bengalíes, tal como nos lo demuestra Nazneen cuando esta señora va a cobrarle y ella la ahuyenta.
Todo esto es una fantasía. Es una construcción de occidente, para occidente y desde occidente. Se le atribuyen a los bengalíes los valores opuestos sobre los cuales occidente pretende definirse a sí mismo. Nazneen no piensa por sí sola en este filme, ella simplemente reproduce estereotipos que occidente quiere ver para sentirse una cultura superior.
Un hecho significativo es lo que sucede con el personaje del esposo. Un bengalí que se apasiona por la filosofía y la literatura occidental. Sin embargo, mientras más lee y más se “culturiza” vemos que sigue siendo un tonto. Esto lo dice una vecina cuando Nazneen le cuenta que él le ha comprado una computadora a la otra vecina. Al parecer, no puede desprenderse de algunos anti valores, tradicionales del pueblo bengalí, y por ende termina volviendo a su país. Aunque esto se da de una manera contradictoria ya que deja a su mujer al mando, rompiendo con su tradición. Además este acto demuestra cierta tolerancia de su parte, valor proveniente del lado occidental, por supuesto.
La verdad es que no sé si estos argumentos sean validos para justificar las virtudes o desaciertos de un filme. Simplemente, después de ver el filme, me dio ganas de decir esto.