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sábado, 30 de abril de 2011

El abismo azul, donde yace el tambor de nuestra infancia



Fueron los ochos pasos más felices de mi vida. Ahora, la agonía ya había finalizado. Todo está en su lugar. La satisfacción es plena: el placer de lo desagradable.

Al principio todo fue apurado. Un arribo veloz, con algunos traspiés. Las prendas iban cayendo en el camino. Después llegó el momento de entregarse a ese monstruo desagradable que yace estático, en una espera interminable. Como un niño asustado, fue necesario quitar la presión para que la madre naturaleza pueda culminar su trabajo. Dependiendo de la perspectiva, el acto pudo haber sido aterrador.

Después de unos cuantos minutos de acción, fue imprescindible remover las impurezas, quitar los rastros que hayan podido salpicar alrededor. Solo así todo pudo acabar bien. Es importante recordar que, por motivos de etiqueta, tuve que olvidar lo sucedido. Al dejar atrás la intimidad, uno debe ser conchudo y llevar el traje sin arrugas.

Mis pasos fueron seguros, aunque por dentro todavía sentía cierto nerviosismo. El placer, el sudor, lo más vil de la existencia humana, todo eso pasaba por mi mente. Sin embargo, pronto todo se olvidó. La burbuja hizo blip y todo quedó atrás.

martes, 29 de marzo de 2011

El último grito de la diva



-No, no vayas… sigamos así. –le dijo ella al oído.


-Pero si lo hago por ti… –respondió él.


-Estás malogrando todo, ahora parece planeado… -ella alcanzó a decir.


En ese momento, se oyó el estruendo de una mano fuerte golpeando su mejilla. Ella cayó rendida. Luego él acomodó su cuerpo, casi inerte, a su disposición. Empezó a golpear sus glúteos. Ella balbuceaba. Poco a poco sus palabras volvieron a tomar forma. Empezaron a entrelazarse con sus gritos. Ella pedía más.


Era feliz. Estaba rememorando aquella única experiencia que le había faltado vivir. Él la vendió, la golpeó incesantes veces, a ella y también a su madre. Pero nunca había hecho eso, lo que ella quería. Ahora, por fin podía sentir esa sensación. Estaba pasando, aunque no era real.


-La diva debe compartir su felicidad, esto será titular en todos los diarios. –pensó ella antes de contener su último grito.

sábado, 26 de febrero de 2011

Paranoid android




Después de correr la cortina, se aceleran las revoluciones. El primer paso en tierra firma es de plena confianza, firme y seguro. El segundo es solo inercia.

Sientes las gotas resbalar por tu cuerpo desnudo.

La adrenalina llega con la maquina de afeitar. La navaja frota tu yugular. Piensas en presionar y sonríes. Luego solo sonríes y ya no sabes porqué.

Cuando la espuma se va por el desagüe empiezas a dudar sobre todo, pero el desodorante te devuelve la confianza en ti. ¡Los bodyspray son los condones del siglo XXI!, piensas. Luego sigues tu camino a paso seguro.

Piensas en usar tu mejor boxer. Lo siguiente es mecánico: los mismos jeans, los mismos zapatos, la camisa nueva que no usas hace mucho tiempo.

Ya estás encaminado y piensas que nada te podrá detener.

domingo, 6 de febrero de 2011

Feliz año para ti también




Nos alistábamos a celebrar el año nuevo. Cada uno con sus uvas y su copa de champagne que algunos después no beberían. La fiesta estaba lista, aunque yo tenía preparada mi propia fiesta -tenía una botella adicional entre mis cosas-. La primera explosión fue la señal. Eran las doce. La fiesta de la cual disfrutábamos, aunque sin poder estar en ella, explotó. La bulla, la música, los fuegos artificiales. Yo saludé a mi novia con un emotivo beso para después empezar a comer mis uvas. Los demás podrían esperar. La primera, la salud de mis seres queridos. Pensé que había que dejar los engreimientos para el final. La segunda, para que él no sienta miedo, para que esté tranquilo y bien. La tercera, ya no pude pensar en algo más.