domingo, 16 de noviembre de 2008

Atahualpa y Pizarro, 476 años después no hemos aprendido la lección


Hoy se cumplen 476 años del encuentro entre Atahualpa y Pizarro en Cajamarca, un hecho trascendental para la historia de América. Un hecho que pese a los años no terminamos de interpretar. En lo que pasó ese día podemos resumir tanto el pasado, el presente y el futuro de nuestra nación (si de verdad existe “nuestra nación”).

Pizarro estaba en Cajamarca. El inca Atahualpa se hacía esperar. Cuando por fin llegó, lo hizo con toda la espectacularidad que debió haber sido propia de un Inca. Momentos después estaban cara a cara fray Vicente de Valverde, cura que debía leer el requerimiento, y Atahualpa.

Entre ambos personajes encontramos un objeto sintomático: un libro. Además, no era cualquier libro; era la Biblia. La cultura occidental (europea) le era entregada al Inca, pero él no entendía para qué servía eso. El representante de España y del viejo mundo, al entregarle el libro al Inca, supone que él debe saber cómo interpretarlo. En la actitud de Valverde no se ve a su libro como una opción, más bien es una imposición. Al Inca no se le preguntó “¿qué tal le parecía el libro?”, se le dijo que ese debía ser el libro bajo el cual de ahora en adelante debía regir su vida y la de su pueblo.

La actitud del Inca es otro hecho sintomático. Recibe el libro, lo abre, pero no descubre nada en él. Ante la incapacidad del libro para producir algún efecto en él, lo arroja. Este acto va más allá de ser solamente una señal de desafío, es una muestra de la inutilidad de ese objeto. Además, de decirle al español que su libro no sirve para nada, se le dice que su presencia no produce ningún temor para él.

Lo que sucede después es conocido por todos: Atahualpa es apresado y empieza el fin del imperio incaico. Pero esa imagen ha quedado en el imaginario popular hasta la actualidad.

Vale la pena recordar algunas conclusiones de Antonio Cornejo-Polar al respecto: “En él [el episodio de Cajamarca] se acumulan y abisman contenidos de enfrentamiento y repulsión, desde el bilingüismo apenas remediado por un lengua precarísimo, casi de ficción, hasta el insalvable desencuentro de la oralidad primaria con la escritura, pasando como es obvio por la mutua y beligerante alteridad de dos conciencias de los dioses, del mundo y de la vida que entran en contacto por vez primera, y todo esto a través de la voz suprema del Inca y de la incontrovertible palabra del sacerdote cuya verdad está escrita, para siempre, en la Escritura de Dios. El episodio muestra con total transparencia, entonces, el tejido del poder que anuda la discursividad colonial, puesto que obviamente se trata de una conquista también semiótica, en la que la palabra hablada en español sojuzga a la voz quechua y ambas, ya jerarquizadas, quedan bajo la autoridad de la escritura, pero esa trasparencia puede ser engañosa...”

“... la letra ingresa en los Andes no como instrumento de comunicación, sino como atributo y encarnación de la Autoridad, como Poder que paradójicamente, siendo lenguaje, se muestra y se impone en su condición de enigma indescifrable. Es dato que debe retenerse.”

La alta cultura, el poder, las letras, occidente, etc. se imponen ante una cultura que ellos consideran inferior. La paradoja está en que este supuesto desarrollo intelectual debería poder lograr que ellos entiendan el mundo como una heterogeneidad, aceptando y respetando las diferencias, en vez de tratar de homogenizarlo. Por otro lado, la cultura andina, oral, pese a quedar subyugada, no acepta la subordinación. Es así como esa resistencia ha perdurado hasta la actualidad.

Antes de concluir quisiera plantear la similitud entre los sucesos de Cajamarca y lo que ocurrió hace un par de años en el Congreso de la República cuando unas congresistas no fueron vestidas de manera "elegante", no eran de tez clara y, lo más importante, no hablaban español. ¿La situación no es similar? ¿No se intenta imponer una cultura sobre otra? ¿Será acaso que no aprendemos de la historia?




Bibliografia:

Antonio Cornejo Polar. "Los discursos coloniales y la formación de la literatura hispanoamericana (Reflexiones sobre el caso andino)". Homenaje a José Durand. Luis Cortest, ed. Madrid: Verbum, 1993.