domingo, 24 de agosto de 2008

Putas, putas y más putas. (Un comentario sobre Putas Asesinas de Roberto Bolaño)



Bolaño es un grande. Los Detectives Salvajes, hasta hace un tiempo el único libro que había leído de él, ocupa un lugar especial en mi biblioteca. Ahora tuve el privilegio de enfrentarme a sus Putas Asesinas.

Este conjunto de cuentos me pareció irregular. Es un libro en el cual encontré cuentos muy buenos (El "ojo" Silva, Gómez Palacio, Últimos atardeceres en la tierra, Putas Asesinas, Buba, Encuentro con Enrique Lihn) y otros no tan logrados.

Los temas centrales son la soledad y el sexo. Sus personajes siempre son seres solitarios: el “ojo” Silva que nunca se despide de nadie, una “puta asesina” que no escuchan lo que dice mientras le hacen el amor, etc. El solo hecho de llamar a sus personajes, en algunos de sus cuentos, solamente por letras, los despoja de su identidad (¿Lo que no tiene un nombre no existe?). Llamar a alguien “M”, en vez de María o Mónica, sirve para refugiarla en el anonimato, para introducirla en la soledad de estar rodeado de millones de personas. Para convertir el relato en esos conocidos “hace mucho tiempo, había una chica que le pasó tal cosa...” que casi todos hemos escuchado alguna vez, y que sin embargo nadie sabe de quién se trata. Historias que pasan de boca a boca, haciendo referencia a “alguien”, ese es el caso de un o una tal “M”.

Pongamos otro ejemplo de un caso de soledad que encontramos en este libro. Enrique Lihn ahora es un fantasma. Él esta rodeado de gente mientras está en el bar del primer piso (gente que luego desaparece), pero vive en el séptimo piso, donde el suelo es de cristal y puede ver todo hacia abajo. Desde ahí se puede ver el bar. Entre el primero y el séptimo piso no hay nada, hay un gran vacío. Ahí está la distancia, su soledad. Es un ser aislado y omnisciente, que está presente pero que no está, que ve todo desde arriba, que está rodeado de gente pero debido a su condición de fantasma está solo. Además, todo esto es parte de un sueño del narrador. Esto desestabiliza aún más la situación. El acto de soñar es lo más solitario posible. Puedes imaginar estar rodeado de gran cantidad de gente, pero todo es un sueño. Soñar es quizá el acto más individual.

Estos personajes de Bolaño son seres vacíos, que no saben relacionarse, entrar en contacto con el mundo. Siempre hacen de esta relación con el mundo algo conflictivo. Son víctimas de su entorno y de su tiempo. Pero esto no quiere decir que sus personajes no sean buenos, ellos son exactamente lo que Bolaño quiere reflejar.

El libro en rasgos generales es bueno. No es lo mejor de la literatura hispanoamericana de los últimos tiempos, pero definitivamente es un libro recomendable. Además es una buena forma de empezar a descubrir a este autor que cada vez más se va haciendo de lectura obligatoria.
De todos modos, lo que pretendo hacer con este post no es un análisis, una interpretación o una lectura especial del libro. Lo único que pretendo, de manera muy humilde, es invitarlos a descubrir a este autor o a este libro y que ustedes saquen sus propias conclusiones. La mía está dada, aunque no se sustenta específicamente en este libro: Roberto Bolaño es un grande.



















Por estos días, en Santiago de Chile, la compañía Teatro La Furia ha puesto en escena algunos cuentos de Putas Asesinas ("Carnet de baile", "El retorno" y "Putas asesinas"), bajo la direccción de Rodrigo Cabello. Sería interesante que alguna compañía de teatro local se anime a poner en escena algo similar.